lunes, 19 de noviembre de 2012

La belleza del tranvía

Hoy...saliendo de la Universidad, veo que se me acababa de escapar el tranvía... Bah... da igual, en 4 ó 5 minutos vendrá otro (pienso yo, ilusa de mí). Pues no, ni en 5 ni en 10... más de un cuarto de hora esperando el maldito nuevo invento del tranvía. 
Para que llegue hasta los topes, no cabía ni un alma, pero... después de tantísimo tiempo esperando, tenía hambre y me quería ir a casa fuera como fuera. Bien, entre que sale y entra la gente empieza a pitar, consigo meterme, me pilla la puerta la cartera... Y casi con la cara pegada al cristal, no puedo tampoco agarrarme de la gente que hay, pero tampoco me caigo porque la presión de unos contra otros impide que me mueva lo más mínimo.
Llega lo mejor de todo, cuando en la parada de Gran Vía, toda la masa de gente que había dentro del tranvía pretende salir. Yo, pegada al cristal, salgo del tranvía porque se me llevan, pero aún no tenía que bajarme. La gente sale y sigue saliendo y no puedo entrar... He tenido algo de "suerte" y me he metido a empujones otra vez, porque no pensaba quedarme fuera y seguir esperando... 
Bien, todo muy "BIEN", salgo corriendo del tranvía para coger el bus y casi beso el suelo... pero... ¡qué bien!
Una de dos, o aumenta la frecuencia de tranvías para que no tengamos que esperar 20 minutos a que venga y que no se acumule tal aglomeración; o hacen tranvías dobles. Porque tanto al ir, como al volver, en horas punta es un horror la cantidad de personas que se reúnen, los empujones, la presión... y las avalanchas que se forman entre unos que quieren entrar y otros que quieren salir.  
Y más ahora que me dan pánico todas esas masas de gente... A ver si ya es hora de hacer alguna modificación antes de que pase algo más grave...

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