lunes, 19 de marzo de 2012

Crónica del viaje a Madrid


    Nuestro viaje comenzó con salida de Zaragoza poco antes de las dos de la tarde, bien comidos y descansados para comenzar el trayecto rumbo a Madrid. Algo más de cuatro horas de viaje, durante las que estuvimos intentando ver varias películas, sin éxito alguno... habría que echarle la culpa al reproductor de DVD del autobús.
    Llegamos ya por la tarde, y fuimos directos a nuestro hotel en la calle Montera, por suerte, bastante cerca de Gran Vía. Teníamos una habitación de cuatro enorme, y con un pequeño balcón desde el que las vistas eran estupendas, se veía toda Gran Vía y parte de Madrid. Después de acomodarnos, salimos directos a Pozuelo de Alarcón, donde está la “Ciudad de la imagen” y los estudios de grabación de la Sexta. Allí, formamos parte del público de “El Intermedio”, programa de humor “inteligente”, como el propio Wyoming definió. Me atrevería a decir que fue la parte más emocionante de todo el viaje, con sorpresas tan grandes como la aparición de una compañera en la despedida del programa.
    Tras esta descarga de adrenalina y con ramo de flores incluido volvimos a subir al autobús rumbo a Madrid de nuevo, para poder cenar, ya eran más de las 11 y seguíamos sin haber alimentado más a nuestros estómagos desde la hora de la comida. Bajamos hacia Sol por la calle Montera (cosa no del todo agradable, debido sobre todo por las famosas deambulantes de la zona), desde donde fuimos a cenar como no, a Mc Donals. Comida no del todo saludable ni mucho menos extraordinaria pero de precios bastante, bastante moderados, y en tiempos de crisis... hay que saber cuidar el bolsillo.
    Ya bien cenados y gracias a las dos profesoras acompañantes del viaje, pudimos dar una vuelta por el Madrid nocturno e incluso inmiscuirnos en sus callejuelas con bares de fiesta. Después de un rato de diversión volvimos al sitio acordado y de vuelta al hotel, para recordar en nuestras cabezas todo el día, que había pasado muy deprisa.
    Al día siguiente... ¡madrugón! Después de haber estado un poquillo por Madrid de noche costaba bastante levantarse, aunque las ganas de volver a pisar la capital eran mayores que todo el cansancio acumulado. Así que, ya listos para comenzar el día bajamos a desayunar y reponer fuerzas. Todo esto, con el famoso ramo de flores y las mochilas cargando, ya que teníamos que dejar el hotel ya, y el autobús no nos recogía hasta horas más tarde.
 
    Después de un paseo por el Madrid de los Austrias, fotos con el Oso y el Madroño, famosos por ser el símbolo de la ciudad y callejear, el autobús nos llevó al Museo de Ciencias Naturales. Pienso que este museo estaba dedicado más a niños pequeños, más impresionables por la cantidad de animales disecados que había en su interior, ya que nosotros, en mi opinión, poco podíamos sacar ya de ahí... y en cierto modo recordaba al museo de la película “Noche en el museo”. En seguida tras la salida volvió a por nosotros nuestro conductor (bastante simpático la verdad, comparado con otros de su oficio) y nos llevó hasta el Palacio Real, donde pudimos ver la residencia de los reyes y justo en frente la “Almudena”, catedral donde se casaron los príncipes.
 
    A continuación nos llevó hasta las proximidades del Museo del Prado, donde tuvimos un rato para comer. ¿Lugar para la comida? Qué mejor que repetir el menú de la noche anterior, ahora acompañado de un paisaje inmejorable, el Parque del Retiro.
    Ya preparados para volver a las andadas, aunque arrastrando el cansancio, tuvimos que entrar al Prado a las tres y media de la tarde. Pudimos ver una serie muy escasa de cuadros, ya que para grupos, la entrada al museo solo permite una hora rondando por sus pasillos. Aunque entre las obras pudimos apreciar algunas de las que seremos examinados los alumnos de Historia del Arte y otras que pudimos explicar nosotros mismos a nuestros compañeros, que aunque en silencio, pedían a gritos una siesta.
    Tras esto, tocó despedirse de la capital española, con bastante pocas ganas, ya que creo que muchos de nosotros hubiéramos estado encantados de haber pasado unos días más allí, aunque solamente hubiera sido el resto del fin de semana. Llegamos finalmente a Zaragoza sobre las diez y media, sin grandes atascos durante el viaje y con la mayoría de los viajantes soñando con volver.

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